Nuestra Historia |
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El desarrollo de esta industria en el transcurso del tiempo tuvo distintas variables que la fueron construyendo, entre las cuales la belleza no es la de menor importancia. Nuestro establecimiento se encuentra dentro de los territorios de lo que hoy se conoce como “La Cumbre”, una localidad con algo mas de 400 años de historia.
Varias son las teorías acerca del origen del nombre de la Estancia, pero tal vez esta es la mas difundida, en ella se dice que muchos años atrás se había elegido este lugar para que la gente que vivía en los alrededores, se reuniera para el rezo del Santo Rosario.
Retrocediendo en el tiempo, mas precisamente a 1585, y de una manera muy breve, podríamos decir que estas tierras fueron concedidas a un conocido conquistador como lo era el capitán Bartolomé Jaime.
Con el transcurso de los años se suceden personajes de importancia como el capitán Gerónimo de Quevedo, (año 1633) época en la que transcurren hechos de importancia.
Años después, hereda las tierras uno de sus hijos, Juan de Quevédo, el que en el año 1695 muriera y daría comienzo a un litigio que duraría 40 años, hasta 1735.
Juan de Quevedo tenía varios hijos, entre ellos Martín y Gerónimo quienes al fallecer su padre pasan a ser legítimos herederos, estos en agradecimiento a la Orden “Sagrada Compañía de Jesús” deciden donar, (en el año 1730) estas tierras, las cuales son anexadas a sus antiguas posesiones (La Estancia de Sta. Catalina), formando así una dilatada hacienda cuyos límites occidentales llegaban a limitar con lo que hoy es, La Cumbre, Cruz Grande, San Esteban y proximidades del cerro Uritorco.Estos territorios se mantuvieron hasta el año 1767, año en el que es desterrada la orden jesuítica por orden de Carlos III.
Transcurren 38 años (1805), hasta que el indulto restituye las tierras a la Orden, pero este tiempo fue suficiente para perder el dominio de la propiedad y encontrarse con nuevas sucesiones, nuevos fraccionamientos y parajes en que surgieran nuevas viviendas.
Transcurrió algo mas de un siglo, cuando en el año 1922 estas tierras pertenecientes al Sr. Roberto Runsiman son adquiridas por Mauricio Andrei, de origen franco-suizo, junto a su señora Reneé Grasset de Andrei y la madre de ella Felicia Jonsthon de Grasset, esta última educada en Escocia, quien solía recordar que en su niñez se castigaba a las niñas, ordenándoles ayudar a sus abuelas en la elaboración de dulces.
Así es como varios años después ya con los conocimientos y secretos de como elaborar dulces artesanales de excelente calidad nos encontramos con el “inicio” de una afamada empresa.
Por el año 1924, utilizando guindas que abundaban en aquella época en la zona, también ruibarbo, y grosella, cuyas cepas fueron traídas desde Europa, tres variedades a las que conocía muy bien y que le resultaban típicas de su tierra de origen, dan como resultado las tres primeras variedades de dulces a las que con el tiempo se sumarían frutos típicos de esta zona, como ciruela, damasco e higo.
Esto fue suficiente para ganarse el exigente paladar de una pequeña colonia inglesa ubicada en lo que hoy se conoce como Cruz Chica, ellos habían elegido este lugar allá por el año 1892 junto a la llegada del ferrocarril.
Podríamos decir también que la época en la que Estancia El Rosario verdaderamente surge con esplendor es la década del ´30 y ´40, cuando Mauricio Andrei se asocia con Don Agustín Cisneros, oriundo de Coronda, Santa Fé, comenzando con la producción de alfajores.
A través de los años les sucedieron nombres como Rogelio Carignani, Carlos Eiras, y actualmente Nicolás Bello, todos ellos aportando su cuota de esfuerzo para enaltecer día a día el prestigio de una de las empresas alimenticias mas conocidas de la provincia de Córdoba y el país.
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Juan de Quevedo tenía varios hijos, entre ellos Martín y Gerónimo quienes al fallecer su padre pasan a ser legítimos herederos, estos en agradecimiento a la Orden “Sagrada Compañía de Jesús” deciden donar, (en el año 1730) estas tierras, las cuales son anexadas a sus antiguas posesiones (La Estancia de Sta. Catalina), formando así una dilatada hacienda cuyos límites occidentales llegaban a limitar con lo que hoy es, La Cumbre, Cruz Grande, San Esteban y proximidades del cerro Uritorco.